Opinión del cliente

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Revisado en España 🇪🇸 el 23 de abril de 2017
No sólo es que el libro se ocupe de los niños sino que a ratos produce la mortificante sensación de que los autores lo han escrito para niños, o al menos da toda la impresión de que no confían mucho en la inteligencia de sus lectores adultos. No falta nada: una teoría neurocientífica hipersimplificada, multitud de ejemplos y anécdotas, viñetas gráficas explicativas, recapitulaciones continuas, una estructura del libro casi cuadriculada, resumen exhaustivo (y casi agotador, por repetitivo, para quien lee) al final, etc.
Pero, por otro lado, tienes que reconocer, mal que te pese, que todo esto puede ser muy eficaz para padres sin una formación científica apropiada, que son la mayoría, por supuesto. Sería una locura que los autores del libro hubieran dado por sentada tal formación y hacen bien en darles la información del libro (muy solvente, por lo demás) en forma de papilla bien masticada y fácilmente digerible. Al fin y al cabo se trata de enseñar, ¿no es eso? Y los autores muestran ser buenos profesionales al no permitir que se les caigan los anillos por hacer lo más sencilla posible su exposición. Incluso se puede interpretar todo como una señal positiva de que los autores son muy listos y no tienen que demostrar ya nada al respecto ni impresionar con fuegos artificiales a los lectores (ni tampoco a sus colegas).
Por último el libro te transmite la sensación (tal vez en exceso optimista y de recetario de cocina) de que aprendes recursos con los que lidiar con esos «locos bajitos» cuando están en sus peores momentos.
No obstante, he de reconocer que todo eso de «la rueda de la conciencia» como método para resolver conflictos me ha parecido poco convincente. No creo que la gente (sea cual sea su edad) pueda manejar su mente a voluntad hasta ese punto.
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