Opinión del cliente

Revisado en España 🇪🇸 el 9 de septiembre de 2013
Las cosas buenas de este libro:
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1.- Formalmente este libro es impecable: las 12 estrategias están organizadas por temas. Hay un resumen al final del libro perfectamente claro, una práctica hoja para la nevera, un capítulo donde se adaptan las estrategias a cada etapa de crecimiento del niño. Me encantaría que todos los libros estuviesen tan bien estructurados.
2.- La única (y solo una) estrategia que realmente propone: no intentar razonar con el niño de primeras, contactar antes con su parte emocional, reconociendo, y ayudándole a entender sus sentimientos. Encuentro realmente útil esta estrategia, ya que un intento de razonar con un niño (sobre todo porque lo necesitaremos justo cuando el niño está más bloqueado) está abocada al fracaso. Tratar de negar la emoción del niño ("no tienes porqué estar enfadado", "no hay motivo para preocuparse") sólo nos alejará de él. Es necesario, como dicen los manuales "hacer acuse de recibo de la emoción del niño" y una vez contactado "llevar la emoción a un terreno tranquilo y razonar desde el sentimiento hacia la razón."
3.- Además propone una técnica para ser capaz de conectar en la parte emocional y llegar a la racional: contar historias. El niño escucha, se engancha, entiende, y finalmente toma la moraleja.
Nada revolucionario, pero efectivo.

Las cosas malas:
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Después de la estrategia 2 (la de contar historias) el resto es reiterativo y/o pobre.

No soy muy purista, pero las 12 estrategias no son estrategias, sino técnicas (parece que estrategia suena más intelectual). Y desde luego no son revolucionarias, sino harto conocidas (aunque está bien recordarlas)

Como ya he dicho, sólo hay una estrategia en el libro, pero para darle mayor entidad y tratar de parecer científicos, los autores hablan del cerebro derecho y el cerebro izquierdo, y del cerebro superior y el cerebro inferior, memoria implícita y explícita, etc. En realidad son nombres innecesarios para hablar de un componente emocional (parte derecha y parte inferior) y un componente racional (cerebro izquierdo y cerebro superior), o de recuerdos y aprendizaje. Ninguna de las bases neurológicas aporta nada al tema, y en muchos casos es directamente cuestionable o falsa. Especialmente sonrojante es el discurso sobre la plasticidad del cerebro, donde los autores informan de recientes descubrimientos que prueban que las experiencias cambian el cerebro produciendo nuevas conexiones neuronales incluso a edad avanzada. A menos que los autores crean que la mente vive fuera del cerebro (fantasma en la máquina), no entiendo qué hay de sorprendente en esa afirmación, que no justifica ningún tipo de plasticidad, simplemente de que el cerebro registra cosas en forma de conexiones neuronales.

Las metáforas del río, la rueda de la conciencia, son herramientas que pueden tener cierta utilidad, aunque son dudosas y de nuevo no tiene nada de científico.

Resumiendo: si ya has comprado el libro lee directamente el capítulo de la conclusión, es claro y te ahorrarás muchas páginas de verborrea pseudocientífica y ejemplos de tono condescendiente. Si no los has comprado, estás a tiempo de comprar uno de los siguientes:

Para interesados en una estructura del cerebro (del niño y del adulto) realmente científica, recomiendo "Pensar rápido, pensar despacio" de Daniel Kahnemann.

Para interesados en técnicas de conexión y educación del niño, recomiendo "Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen". Es infitamente más humilde, y práctico y claro. Y con ejercicios.
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